Obras
Para iluminar hay que arder
Noelia Meilerman y Juan Salvador
Las entradas se retiran a partir de una hora antes en las boleterías ubicadas en la plaza cubierta. Son gratuitas y se entregan dos por persona.
Tres bailarines ponen en movimiento los discursos que fueron parte de su formación. Reorganizan esas afirmaciones y encuentran, en lo absurdo, nuevas posibilidades de imaginar y mover. El juego se expande y se suman postulados de la ciencia, la religión y el imaginario popular, accediendo a la belleza de un mundo aparentemente ilógico. Las palabras se mezclan y los sentidos se transfiguran, una máxima emerge de los cuerpos en este juego: el placer es constitutivo de la acción; bailamos con placer.